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domingo, 8 de marzo de 2009

Cuento zen: Un duelo por el alojamiento

Según la costumbre, todo monje errante tiene derecho a obtener alojamiento en un monasterio zen, siempre y cuando proponga y gane un debate sobre budismo con los monjes residentes del mismo.

En un monasterio al norte de China, vivían dos hermanos, monjes ambos, aunque bien diferentes. El mayor era más inteligente y el pequeño era tuerto y no tan dotado.

Cierto día llegó al monasterio un monje errante y solicitó alojamiento de acuerdo a la regla del debate. El hermano mayor ese día se encontraba cansado, por lo que envió a su hermano menor con las siguientes instrucciones, para subsanar sus carencias:

"Ve tú y propón que se haga un debate en silencio."

El hermano menor así lo hizo y poco después se encontraban el monje errante y él sentados en el santuario. Al poco rato, el monje viajero se levantó de la sala, fue a ver al hermano mayor y le dijo:

"Puedes estar orgulloso, tu hermano menor es un conocedor extraordinario del budismo. Me ha derrotado."

El hermano mayor, asombrado le dijo:

"Cuéntame como se desarrolló el debate".

Y el monje errante le dijo:

"Primero yo levanté un dedo, en representación de Buda el iluminado. Y tu hermano levantó dos dedos, representando al Buda y a su doctrina. A continuación, yo levanté tres dedos, en representación de Buda, su doctrina y sus seguidores, que llevan una vida armoniosa (Las tres joyas: Buda, Dharma y Sangha). Fue entonces cuando tu hermano lanzó irritado su puño cerrado sobre mi rostro, indicándome que los tres se derivan del mismo origen. Por este motivo, me derrotó y me voy del monasterio, pues no tengo derecho a permanecer en él".

A continuación llegó corriendo el hermano menor y dijo:

"¿Dónde está ese miserable?"

El hermano mayor repuso:

"Entonces, ¿ganaste el debate?

Y el hermano menor respondió:

"¡Ganar el debate! Lo que hice fue hincharle a golpes a ese monje".

El hermano mayor pregunto:

"¿Cuál fue el tema del debate?"

A lo que el menor respondió:

"¿Tema? No hubo tema. Apenas verme levantó un dedo para hacerme ver que sol0 tengo un ojo. A pesar de ello yo respondí levantando dos dedos, en señal de cortesía porque él tuviese dos ojos y por ser él extranjero. Pero el muy osado levantó entonces tres dedos, haciendo ver que entre los dos solo teníamos tres ojos. Ante lo cual yo me enfurecí y le di un primer puñetazo en su rostro, pero él se levantó y escapó, por eso no he podido seguir pegándole."

(Cuento zen)

Espero haberos sacado una sonrisa con este hilarante cuento. El zen gusta de ser descarado e irreverente y este cuento es una buena prueba de ello. El tema de fondo es la "insustancialidad" de las "cosas" (de los fenómenos). Para el budismo las cosas están desprovistas de "sustancia" y "son como son" lo que pasa es que luego cada uno las ve bajo su punto de vista. Un monje levanta un dedo y y quiere representar a Buda, pero el otro cree que se burla de él porque solo tiene un ojo. O sea, un mismo acontecimiento es interpretado de forma diferente por dos personas diferentes. Creemos que todo ha sucedido en el exterior de las personas, que es ahí donde están los dedos, pero en realidad todo ha sucedido dentro de la cabeza de los monjes que han "traducido" bajo su punto de vista el acontecimiento. Para explicarlo desde un punto de vista lingüístico: para el budismo no existen los adjetivos. Son etiquetas que pegamos "mentalmente" en los objetos y nos llegamos a creer que son su esencia, pero la verdadera naturaleza de los objetos es el vacio y las etiquetas son la forma en que nosotros los vemos. Para representar ésto mi adagio zen favorito es:

La belleza está en el ojo del que mira

§ 555 § eL lOcO

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