
Nada mas contemplar esta imagen nos sentimos vagamente incómodos: ¡algo no marcha bien! Sabemos que hay algo mal, que la realidad no es así, pero sin embargo no somos capaces de zanjar la cuestión ya que la lógica de la imagen es impecable.
¡Y está muy bien que dudemos de nuestra percepción y de la imagen! Las imágenes (al igual que las palabras) no son la realidad sino una representación de ella. Son una abstracción, un sacar algo de un todo más grande, señalar un aspecto de la cuestión entendiendo por cuestión el universo entero. Esta imagen es una fantasía de nuestra mente, una creación de ella. Pero, ¿pensamos acaso que por el mero hecho de existir en nuestra mente ha de existir en la realidad?
¿Qué es real, qué es irreal? Este es el propósito de estos posts, la indagación sobre si nuestra percepción del universo que está a nuestro alrededor, del que formamos parte indisoluble, es certera, o si por el contrario esta percepción se halla mediatizada por nuestros pensamientos, nuestras ideas sobre como es o debería ser la realidad.
En todo caso, cuanto más se ajuste nuestro visión del mundo a como es éste realmente más preparados estaremos para vivir en él, entendiendo ésto como una especie de "selección natural", una supervivencia de los más adaptados al medio, pues ¡para sobrevivir en el medio hay que tener una visión cabal de como es este medio en el que vivimos! Don Quijote, por ejemplo, veía molinos de viento donde no los había, y por tanto no estaba adaptado a su entorno, al medio en el que le había tocado vivir. Vivía por tanto, alucinado, presa de una ilusión. ¿No nos ocurre lo mismo a todos en la actual sociedad de consumo en la que vivimos inmersos y en la que nuestra máxima aspiración en la vida es "hacer realidad nuestros sueños"?
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