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domingo, 2 de septiembre de 2012

Hechos incontrovertibles

Con frecuencia los discípulos de Buda se lamentaban de que había acontecimientos o hechos que no podían modificarse o incluso se esforzaban por cambiar situaciones inevitables y luego, al no conseguirlo, se quejaban de que así hubiera sido. Buda tenía que soportar pacientemente las quejas y los lamentos de algunos de estos discípulos que se desanimaban por no poder cambiar ciertas circunstancias y eventos. Reunió a todos los que así procedían y les dijo:

-Es de sabios aceptar lo inevitable; es de sabios modificar lo que pueda para bien ser cambiado; es de sabios saber qué se debe aceptar y que se puede modificar.

Después de unos momentos de pausa, agregó:

-Quiero que vayáis al estanque más cercano y hagáis lo siguiente: llevad con vosotros una roca y un bidón de aceite. Arrojad la roca al lago y echad una buena cantidad de aceite. Regresad después y contadme lo sucedido.

Los discípulos siguieron las instrucciones de Buda. Llegaron hasta el estanque y a sus aguas arrojaron la roca y una buena cantidad de aceite. Estuvieron observando unos instantes lo sucedido y regresaron junto Buda, que les preguntó:

-¿Qué ha sucedido?

Uno de los discípulos habló por todos:

-Hemos comprobado que la roca se ha hundido y la mancha de aceite ha flotado.

Y el maestro les dijo:

-Pues aunque consumierais toda vuestra existencia sentados a la orilla del estanque anhelando que la roca flotase y la mancha de aceite se hundiese, no lo conseguiríais. Simplemente, es la ley de los hechos incontrovertibles.
* * * * *

Así era en el año 500 A.C., fecha de esta historia, y así continúa siendo 2.500 años después: no queremos aceptar las cosas tal y como son, sino que pretendemos que se amolden a nuestros gustos, a nuestros deseos. La naturaleza humana no ha cambiado, los seres humanos seguimos aquejados por la misma "enfermedad" que diagnosticó Buda: la instatisfacción.

Cuanto más profundizo en el budismo más llego a comprender que la base de esta religión (o metafísica) reside en la impermanencia. Ante el hecho incontrovertible de la impermanencia los seres humanos nos hemos fabricado la idea de la permanencia, una mera idea que no se corresponde con la realidad y que nos acarrea sufrimiento encima del sufrimiento que ya de por sí acarrea la existencia. Las cosas son transitorias, impermanentes, todo fluye y por tanto nada permanece, pero nos negamos a aceptarlo y actuamos en la vida como si las cosas fuesen a durar para siempre. El resultado de esta forma de actuar es sufrimiento en todas sus formas: dolor, frustración, insatisfacción, decepción, etc..

El principal hecho incontrovertible consecuencia de la ley de la impernanencia es la muerte. Pero en lugar de intentar aceptarla como un hecho incontrovertible nos inventamos la idea de la "eternidad" y de la "inmortalidad". ¿Qué logramos con ello?: frustración, dolor y decepción cuando asistimos al fallecimiento de nuestros conocidos y a nuestra propia muerte. 

Las cosas son impermanentes luego son insatisfactorias. Podemos expresarlo en esta ecuación: impermanencia <--> instatisfacción.

Podemos aceptar esta realidad y actuar en este universo en el que vivimos de acuerdo con sus leyes insoslayables, o podemos no querer aceptar esta realidad y actuar torpemente en este universo en el que vivimos siguiendo unas leyes imaginarias de un universo imaginario que solo existe en nuestra desbocada mente en el que las cosas son permanentes y nos reportan satisfacción. La ecuación que regiría este universo imaginario (¿paraíso?) sería: permanencia <--> satisfacción.

Pero, como ya hemos indicado más arriba, esta forma de actuar es necia ya que sólo nos reporta más sufrimiento, decepción y frustración.

Y así es como llegamos a la que es una de las principales virtudes en el budismo y el objetivo de la historia del inicio: la ecuanimidad. Ecuanimidad es visión clara, ver las cosas tal como son (impermanentes), no como querríamos que fuesen (permanentes), ni como pensamos que deberían ser (permanentes). Las cosas son como son y ecuanimidad es la virtud del ánimo equilibrado que nos permite ver las cosas con armonía e imparcialidad, sin dejarnos influir por los cambios de los pares de opuestos que operan dentro y fuera de nosotros mismos: porque hay amistad hay enemistad, porque hay frio hay calor, porque hay ganancia puede haber pérdida. Las cosas cambian a nuestro alrededor pero nuestra mente permanece ecuánime sin reacciones desorbitadas antes los cambios. ¿Pues que cabría esperar? ¿Que no hubiese cambios? ¡Los cosas no funcionan así en este universo!!!

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