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domingo, 16 de septiembre de 2012

Budismo y Constructivismo


"Al escuchar un juicio sabemos más acerca de la persona que lo hace, que acerca de la cosa en sí  misma" (Nietzsche)

El enfoque tradicional de la filosofía occidental acerca de la realidad ha sido que los cinco sentidos (vista, oído, olfato, gusto, tacto) son como una cámara que transmite fielmente una imagen del mundo, y que éste es exactamente tal cual aparece en nuestro cerebro. O sea, que los objetos tienen una existencia absoluta en sí mismos, y los sujetos son meros receptores pasivos: simples "espectadores".

Este enfoque ha ido cambiando durante todo el siglo XX como consecuencia de los avances científicos en diversas materias y ha dado lugar a la aparición a mediados del siglo pasado del Constructivismo, una corriente filosófica para la que la realidad es una construcción hasta cierto punto "inventada" por quien la observa: "cada acto de percepción es, en cierto grado, un acto de creación".

A principios del siglo XX la Mecánica Cuántica estableció matemáticamente (Principio de Incertidumbre de Heisenberg) que es necesaria la presencia de un observador para poder determinar el resultado de una observación. O lo que es lo mismo, que plantear un experimento científico en el que el observador  es un mero espectador es un sinsentido. El observador (sujeto) y lo observado (objeto) forman parte de una misma realidad llamada experimento científico. Sin observador el experimento científico fracasa y no hay medición.

Y más adelante, la Cibernética generalizó el Principio de Heisenberg para todos los sistemas: "nunca es posible observar un sistema sin perturbarlo". Por tanto, el observador y el sistema forman parte de un solo sistema cibernético.

En este "caldo de cultivo" surgió la rama filosófica del Constructivismo Radical para el que "el conocimiento no se recibe pasivamente, ni a través de los sentidos, ni por medio de la comunicación, sino que es construido activamente por el sujeto congnoscente". Para el Constructivismo una descripción exacta de cómo son las cosas no existe, porque la realidad no existe sin el sujeto.

El enfoque tradicional del Budismo respecto a la realidad coincide en muchos aspectos con las conclusiones del Constructivismo Radical: nada ni nadie existe en sí mismo, sino "en relación a". La realidad es una red de interdependencias. La corriente filosófica más "avanzada" del budismo es la representada por Nagarjuna (siglo II) que negó la existencia independiente no sólo del observador sino también del objeto observado e incluso de la observación misma (escuela Madhyamika). Un texto capital del budismo zen, el Xin Xin Ming (siglo VI), lo expresa concisa y detalladamente:

El objeto es objeto en relación al sujeto.
El sujeto es sujeto en relación al objeto.

(El objeto no es objeto en sí mismo. Es el sujeto quien lo convierte en objeto. El sujeto no es sujeto en sí mismo. Es el objeto el que lo convierte en sujeto).

Pero, el budismo es mucho más que una mera filosofía. Cuando el filósofo constructivista sale de su universidad y llega a su casa, olvida toda su sabiduría teórica y no la aplica a su vida ordinaria. Por el contrario, el budismo tiene dos aspectos complementarios: la sabiduría (visión clara) y la compasión. Todo lo que hemos hablado en este post (y en general lo que suelo escribir en el blog) se refiere al aspecto "sabiduría", pero la sabiduría en sí misma es una pérdida de tiempo, un sinsentido, si no tiene uno un propósito claro sobre en qué va a usar dicha sabiduría. Y el propósito que debe animar los actos de la vida de un budista es conseguir aliviar los sufrimientos de todas las personas, así como conseguir su felicidad.

Y aquí es donde llegamos al meollo de este post. ¿Qué pone de relieve tanto el Principio de Heisenberg, como la Cibernética, como el Constructivismo , como el Budismo? Al observador, el sujeto ->>> ¡a las personas! La gran enseñanza de todo ésto reside en que (desde un punto de vista científico, por ejemplo) en el experimento que es nuestra vida no nos basta con tener en cuenta los objetos materiales, sino que hay que considerar como elementos inseparables de dicho experimento al resto de las personas. Es preciso dejar de "cosificar" a nuestros semejantes y a nosotros mismos. Ni nosotros ni nuestros semejantes somos cosas, meras máquinas celulares, sino que somos personas. Y como personas que somos interactuamos con el resto del universo a dos niveles:

- A nivel interior creamos nuestra propia realidad. No existen en sí mismos ni el cielo ni el infierno: ¡los creamos nosotros mismos! ¿Tú vida es un infierno? Pues tú mismo te lo has creado. En realidad es una gran noticia: ¡tú decides en qué "realidad" vives! Lo que tú piensas importa, es crucial, determina tu realidad. Tu visión del mundo determina el "mundo interior" en el que vives. Es por tanto posible (y deseable) trabajar la propia mente a fin de conseguir estados de felicidad cada vez mas estables y duraderos.

- A nivel exterior debemos comprender que los seres que tenemos a nuestro alrededor no son objetos sino sujetos, personas con los mismos deseos de sentir felicidad y de evitar el sufrimiento que tenemos nosotros mismos. Son nuestros semejantes y, obviamente, nuestra felicidad va unida a la de todos y cada uno de ellos. Ellos, al igual que nosotros, tienen su propia visión interior de la realidad, única y por lo tanto de inconmensurable valor.

En la actual civilización planetaria en la que vivimos en la que todo está "cosificado" para su compra y su venta es de crucial importancia darse cuenta del "error cognitivo" que supone el ver a nuestros semejantes como meros objetos: ¡no son objetos! ¡son personas!

(el budismo no se refiere sólo a las personas sino que habla siempre de todos los seres vivientes (animales y plantas) que, como nosotros, huyen del dolor y buscan la felicidad)

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