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Una mujer está buscando afanosamente algo alrededor de un farol y pasa por allí un transeúnte y le pregunta:
- ¿Qué buscas, buena mujer?
- Una aguja que he perdido en mi casa.
- ¿Y por qué no la buscas allí?
- Porque se ha ido la luz.
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Vivimos cada vez más, en esta sociedad materialista en la que nos ha tocado vivir, separados de nosotros mismos, de nuestro autentico ser. Nos pasamos la mayor parte del día en actividades "exteriores", evadiéndonos de nosotros mismos, extraviados en toda clase de actividades banales e inútiles. Pensamos que así encontraremos la felicidad, pero lo cierto y verdad es que únicamente acabamos encontrando el hastío y el aburrimiento. ¡Porque la felicidad no esta ahí!
Con este continúo vivir exteriorizado, lo único que logramos es no saber ni quien somos nosotros mismos, nos despersonalizamos, nos alienamos, nos disociamos de nuestra propia identidad. Pero hasta un caballo de carreras tiene que parar alguna vez.
Vivir así de continúo es un error. Es preciso parar y mirar hacia dentro de uno mismo. Hay que detener el proceso de alienación y aprender a "ser" en uno mismo y no sólo en lo ajeno. Esta conquista de la identidad es muy importante, porque permaneciendo fuera de nosotros mismos solo puede haber confusión y sentimiento de pérdida.
Pero, si la enfermedad es la exteriorización, el remedio es el recogimiento.
El recogimiento, el gozo de nuestro espacio interior, nos ayuda a renovarnos y a ser luego, en la acción, mas conscientes y reflexivos y menos mecánicos.
Todas las tradiciones espirituales y religiones son conscientes de esta verdad fundamental, siendo llamada por el cristianismo "oración", por el budismo "meditación" y supongo, aunque no conozco de primera mano mas religiones, que los musulmanes, judíos, etc... "rezan". Y cuando uno reza o medita, aparta la mirada del exterior y se "recoge" en el propio espacio interior, buscando a Dios o a si mismo, intentando conciliar el "Cielo" y la "Tierra", renovándose y equilibrándose. Sean cuales sean las creencias, tras este proceso uno se encuentra mejor consigo mismo y con el resto del universo. A fin de cuentas, ¿hay realmente tantas diferencias entre una religión y otra? De alguna manera todas parecen seguir una misma Vía, un mismo Camino.
Y para acabar otra reveladora historia cuyos protagonistas son el atormentado Alejandro Magno y el feliz Diógenes:
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Alejandro Magno se presenta ante el sabio Diógenes y le dice:
- Soy muy poderoso, ¿qué puedo hace por tí?
Y Diógenes le replica:
- De momento, échate a un lado para que pueda recibir los rayos del sol.
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Eso es lo que le solicita Diógenes al hombre más poderoso de la tierra, porque ya no necesita nada habiendo hallado su realización de ser.
(Este post ha sido escrito tras la lectura de un capítulo del magnifico libro de Ramiro Calle "Las zonas oscuras de tu mente")
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