- Mandala natural: onda sonora -Para el budismo el sonido es muy importante: de alguna forma la vida, la realidad, es como una continúa vibración, una eterna melodía.
Transcribo algunos fragmentos de maestro zen Dokusho Villalba: "Cuando uno alcanza una cierta estabilidad mental a través de la meditación encuentra la vibración esencial de su vida y siente que forma parte de una vibración mayor, de una sinfonía emocionante en la que cada ser, humano, animal, vegetal o mineral, está emitiendo también su propia vibración vital. Tu melodía es tu vida, tus gestos, tus miradas, tus acciones, tus palabras, tus pensamientos. Todo es perfecto. Todo es tal y como tiene que ser, es decir, tal y como es. No hay error. El ritmo es perfecto."
"Ahora sabes que tu cuerpo y tu vida entera es una nota musical dentro de una vasta melodía. Ahora sabes que tú eres esa melodía que antecedió la aparición de tu cuerpo y que continuará sonando cuando tu cuerpo desaparezca".
Una de las grandes carencias del pensamiento occidental es su absoluto alejamiento de la naturaleza, la conversión del ser humano en algo ajeno al planeta tierra, en una patética entidad solitaria encerrada en su prisión de carne y hueso y rodeada por un entorno hostil que siempre intenta hacerle daño. ¡Cuanto daño nos hacemos a nostros mismos manteniéndonos siempre en disonancia con el ritmo de la vida! Pensamos que la ciencia apoya nuestra visión "objetiva" del mundo, pero eso no es cierto. Hace ya muchas décadas que la ciencia no apoya la visión "atomista" del universo. No somos objetos. La física cuántica lo dice sin reservas. La física, la química, la biología, etc... nos lo dicen. Nuestras membranas son permeables a nuestro entorno. No somos los objetos íntegros que nuestra mente imagina, sino entidades en continuo intercambio de materia y energía con nuestro entorno. Somos vida y la vida somos nosotros. Formamos parte del proceso. ¡Es preciso estar en armonía con el proceso! No existe realmente ese yo, ese objeto precioso que nos creemos y que, ¡pobrecito! está encerrado en una prisión de carne y hueso. Formamos parte intrínseca de un todo mucho mayor que a su vez nos interpenetra (¿alguien ha oído hablar por ejemplo de las colonias de bacterias que cada día efectúan la digestión de los alimentos que consumimos). Y lo principal: respiramos aire. Tomamos aire y lo soltamos. Una y otra vez. Ese es un realidad el ritmo primigenio de la vida, el latido de la vida, la gran melodía.
Y de alguna forma los mandalas (como el que abre este post) nos ayudan a representar visualmente la intuición acerca de "el ritmo de la vida" que nuestra conciencia sonora comprende intuitivamente.
§ 555 § eL lOcO










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