----------------------------------------L-U-C-I-E-R-N-A-G-A----------------------------------------

----------------------------------------L-U-C-I-E-R-N-A-G-A----------------------------------------

sábado, 27 de septiembre de 2014

LAS TRES AUTOVIGILANCIAS, por Ramiro Calle.

Es abrumador y apesadumbrante darse cuenta, aunque sea por un fugaz instante, de hasta qué punto somos mecánicos y estamos condicionados por un ego robótico. Creemos pensar, pero somos pensados por los pensamientos. Creemos ser conscientes al hablar, pero somos arrastrados por las palabras. Creemos hacer, pero somos llevados por los actos. Creemos vivir, pero somos vividos. Todo ello es debido a la mecanicidad que nos absorbe e hipnotiza. O sea, que ni pensamos conscientemente, ni conscientemente hablamos o hacemos ni conscientemente vivimos. Así la existencia humana se convierte, como dice un antiguo adagio, "en dos o tres momentos de confusión y se acabó".

Pero el ser humano, si se lo propone y aunque con no pocas dificultades, puede desarrollar la consciencia y comenzar a estar más atento de lo que piensa, dice, hace y vive. No será nada sencillo, porque se nos imponen nuestros hábitos psíquicos, nuestras coaguladas respuestas emocionales, nuestras repetitivas reacciones mentales y esa negligencia que origina más mecanicidad y opaca esa luz liberadora que es la de la atención.

Buda declaró: "Si te estimas en mucho, vigílate bien". Todas las mañanas deberíamos insistir en el propósito de hacernos más y más conscientes. La consciencia es intensidad, vitalidad, atención plena, lucidez y, por tanto, compasión. Un mentor le dijo a su discípulo: "Que la consciencia sea tu Dos". Solo tratando de estar conscientes, ganaremos la luz de la consciencia, que reporta entendimiento claro, acción diestra, proceder correcto, sabiduría y nobleza.

Desde muy antaño los yoguis insistieron en la necesidad de estar atentos a lo que denominan las Tres Puertas de Brahma: la mente, la palabra y los actos. Se trata de hacernos más conscientes de lo que pensamos, decimos y hacemos. Estar en lo que es. Aplicar la atención a la mente, las palabras y los actos.

Si estamos atentos a la mente, seremos capaces de seleccionar mejor los pensamientos que merecen la pena y ordenarlos, o incluso aprender a no dejarnos implicar en los que no merece la pena hacerlo. Seremos capaces de pensar voluntaria y reflexivamente. Como tanto les repito a mis alumnos en la clase de meditación: "Cuando haya que pensar, piensa. Cuando haya que no pensar, vive." Somos muy mecánicos en la mente y eso da por resultado mecanicidad en palabras y actos. Estando más vigilantes, no seremos tan a menudo pensados por los pensamientos.

Estando más atentos a las palabras, sabremos cuando contenerlas, cómo organizarlas, y no nos dejaremos atrapar deciéndo lo que no deberíamos haber dicho. La palabra dicha ya nos hace sus cautivos. Estando más atentos a las palabras, evitaremos utilizar la lengua como un estilete para herir a los otros, difamarles, calumniarles o decalificarles. Estando más atentos a las palabras, también aprenderemos a practicar el "noble silencio" cuando sea lo conveniente.

Si logramos estar atentos a los actos, mantendremos una mente meditativa en todo momento y circunstancia y cada instante tendrá su propio peso específico y convertiremos la inmediatez en infinitud.

Os dejo, queridos amigos, con este recordatorio del Dhammapada:

"La atención es el camino hacia la Liberación; la inatención es el sendero hacia la muerte. Los que están atentos no mueren; los inatentos es como si ya hubieran muerto".

No hay comentarios: